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El Rastro de la Sangre J.M. Carroll
El propósito de este librito es dar a conocer la historia de los TESTIGOS FIELES del Señor Jesús, quienes como miembros de la IGLESIA QUE JESÚS EDIFICÓ "...han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte". (Apocalipsis 12.11)
Obra original en inglés: "The Trail of Blood" Publicado en 1931 por Dr. J. W. Porter Traducido por José M. Rodríguez Publicado en 1976 en español por: Editorial Challenge, Little Rock, Arkansas, E.U.A. Pastor M. L. Moser, Jr. Edición Revisada realizada por: Julio J. Argüelles y Theodore L. Tweet, San Pedro Sula, Honduras, C.A. Publicado en 2002 por: Bryan Station Baptist Church, 3175 Briar Hill Road, Lexington, Kentucky 40516, E.U.A. Pastor Al Gormley (859) 299-1430
INTRODUCCION Por Theodore Tweet El Rastro de la Sangre relata la historia buatista, preservada a veces aún por autores protestantes y católicos, al ver que los bautistas fieles preferían morir antes de negar la Biblia para acomodarse a la moda. A través de los siglos, la afirmación bautista era: "La Biblia es la única regla de fe y práctica".
Antes de imprimir esta edición de El Rastro de la Sangre hemos realizado una revisión, no para cambiar el contenido, sino para clarificar y facilitar la lectura. lo que originalmente era la "Introducción" por el Pastor Clarence Walter ya aparece al fin del librito como "Resumen." Además, anotamos una explicación en las páginas 6, 30 y 71 donde el autor escribió: "... sólo el Nuevo Testamento había de ser la regla y guía en asuntos de fe y de conducta, no sólo para la iglesia como organismo, sino para cada miembro de ella". (Nota del traductor: Los bautistas verdaderos siempre han dicho que toda la Escritura es la Palabra de Dios y es la única regla de fe y práctica, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo, 2 Timoteo 3:16-17. {La Confesión de Fe de Londres de 1689, Una Confesión Bautista, Capítulo 1, "Las Santas Escrituras") Sin embargo, la iglesia de Cristo es una institución que no empezó sino hasta el Nuevo Testamento. Entonces, sólo allí se encuentra el origen, reglas y prácticas de las iglesias del Señor. Es un error, pues, por parte de los católicos o protestantes referirse a la nación de Israel como patrón para una iglesia, por lo cual se les confunde a ellos con respecto a la ordenanza del bautismo, etc. y les induce a anhelar y justificar la unión de Iglesia y Estado, pero los bautistas siempre se oponían a tal unión.) La unión de la Iglesia y Estado quería decir que:
Al iprimer El Rastro de la Sangre en español, por primera vez en 1976, el pastor M.L. Moser, Jr. Ofreció el siguiente comentario: "El mundo tiene una gran deuda con los bautistas; una deuda que nunca se puede pagar. Los bautistas siempre han sido los campeones de la libertad religiosa y política. El precio que los bautistas han pagado durante los años desde el tiempo que Jesucristo instituyó la primera Iglesia Bautista en Jerusalén hasta ahora, no puede ser contado en términos terrenales.
Aún sacados de sus casas, vendidos en los mercados de esclavos, ahogados en los ríos, hervidos en aceite, quemados vivos en estacas y muy perseguidos, los bautistas han permanecido leales y fieles al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. La Biblia habla con autoridad final a los bautistas."
El Rastro de la Sangre ó La pista de los cristianos a través de los siglos desde el tiempo de Cristo hasta nuestros días
0 para expresarle de otra manera, pero muy
expresivamente: "Historia de las doctrinas enseñadas por Cristo y
sus apóstoles y los que les fueron leales." PRIMERA DISERTACIÓN
"Recuerda los días de la antigüedad; pensad en los años de muchas generaciones: pregunta a tu padre, que él te anunciará, a tus ancianos, y ellos te dirán" (Deuteronomio 32:7).
1. Lo que hoy conocemos como "cristianismo" o religión cristiana, comenzó con Cristo, el año 30 de nuestra era, en tiempo del imperio romano y dentro de sus límites, uno de los mayores imperios que el mundo haya conocido en el curso de toda su historia.
2. Ese imperio, en aquella época, comprendía casi todo el mundo entonces conocido y habitado. El emperador reinante a la sazón era Tiberio César.
3. En cuanto a religión, el imperio romano era en ese entonces pagano. Sus numerosos dioses eran, unos reales, otros imaginarios. Había asimismo muchos creyentes y devotos. Esa religión era no sólo la religión del pueblo, sino la del imperio, y como tal estaba sostenida y protegida por El Estado. (Mosheim, tomo 1, cap. l)
4. El
pueblo judío, que en ese período ya no constituía una nación aparte,
se hallaba desparramado por el imperio romano.
5. Como la religión de Cristo no es una religión de este mundo, su fundador no le dio ninguna cabeza o fe terrenal, ni poder temporal. Y así, ella no buscó ni el sostén ni el apoyo del Estado; tampoco trató de destronar al César. Y así tenía que ser, como quiera que su autor había dicho: "Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios." (Mateo 22:19-22); Marcos 12:17; Lucas 20:20) Desde que el cristianismo es una religión espiritual, mal podía ser el rival de ningún gobierno terrenal. Y a mayor abundamiento, hasta se les enseñó a sus adherentes a respetar a las autoridades y a observar las leyes. (Romanos 13:1-7; Tito 3: l; la de Pedro 2:13-16)
6. Deseo llamar ahora vuestra atención a algunas de las notas o marcas de esta religión.
Si queremos remontarnos hasta su origen, a través de sus largos veinte siglos, y especialmente a lo largo de los mil doscientos años de la lóbrega Edad Media, anegada por ríos de sangre de mártires, nos será preciso conocer bien las marcas, a fin de orientarnos. A medida que avancemos, hallaremos que esas marcas han sido muchas veces horriblemente desfiguradas; pero siempre daremos con alguna que haya resultado indeleble. Estemos, pues, sobre aviso, con cuidado y oración. Desde luego, hallaremos muchas impostoras y simulaciones, de tal manera que a ser posible, "aún los mismos escogidos se extraviarían." Pero así y todo, necesitamos seguir, a ser posible, su pista, valiéndonos de los datos históricos dignos de fe, y, con especialidad, de los aportados por las palabras y las marcas de la divina verdad.
Algunas Marcas Infalibles E Indefectibles
Si al descender a través de los siglos, damos con un grupo o grupos que no posean las marcas distintivas que van a continuación y que enseñan otras cosas como doctrinas fundamentales, ¡cuidado! 1. Cristo, el autor de esta religión, constituyó a sus secuaces o discípulos en Iglesia. Los discípulos a su vez habían de constituir otras Iglesias a medida que esta religión se extendiese y se "hiciesen" otros discípulos. (Sucesiones Bautistas, Ray, edición revisada, cap. I)
2. Este
organismo o Iglesia tenía de acuerdo con las Escrituras y la
práctica de los apóstoles y de las primeras Iglesias, dos clases de
ministros o funcionarios, y sólo dos: pastores y diáconos. El
pastor era llamado obispo.
3. Las
Iglesias, en su gobierno y disciplina, habían de ser enteramente
independientes unas de otras. Y así la Iglesia de Jerusalén no
había de tener autoridad alguna sobre la de Antioquia; ni la de
Antioquia sobre la de Éfeso, ni ésta sobre la de Corinto, y así
sucesivamente.
4. Cristo dio a la Iglesia dos ordenamientos y nada más que dos, a saber el Bautismo y la Cena del Señor. Estos dos ordenamientos habían de ser perpetuos y de carácter memorial.
5. Esta Iglesia no había de recibir otros miembros en su seno que los que fuesen "salvos." (Hechos 2:47) Estos habían de ser salvos únicamente por la pura gracia de Dios, y no por virtud de obras de la ley (Efesios 2:5, S-9). Estos salvados, y sólo éstos, habían de ser sumergidos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. (Mateo 28:19) Y sólo éstos, así recibidos y bautizados, habían de participar de la Cena del Señor; la Cena había de celebrarse únicamente por la Iglesia, en su carácter de tal.
6. Las Divinas Escrituras y nada más que ellas (de hecho, el Nuevo Testamento y sólo el Nuevo Testamento), habían de ser la regla y guía en materias de fe y de conducta, no sólo para la Iglesia, como organismo, sino para cada miembro individual de la misma.
7. Cristo
Jesús, el fundador de ese organismo y el salvador de sus miembros,
había de ser su único sacerdote y rey, su único Señor y legislador,
así como la única cabeza de las Iglesias.
8. Esta religión de Cristo había de ser asunto puramente personal, individual y voluntario, que se abrazase mediante la persuasión, y no por compulsión - física o gubernativa; sino que había de ser asunto de categórica elección personal. "Escoged a quien sirváis," es el requerimiento escrituras. No podría, por tanto, ser aceptada, ni rechazada, ni observada por sustituto ni por compulsión.
9. Nótese bien, que ni Cristo ni sus apóstoles dieron jamás a sus secuaces ningún nombre denominacional, como los que hoy se acostumbran, como los de "católico," "luterano," "presbiteriano," "episcopal," etc., etc., (salvo el nombre dado por Cristo a Juan, que estaba destinado a ser llamado el "Bautista" o "Juan el Bautista," Mateo 1 l: 11 y diez o doce veces más), Cristo llamó al individuo que se seguía "discípulo." Dos o tres veces más fueron llamados "discípulos." Al conjunto de discípulos, sea en Jerusalén, o en Antioquia o en otras partes, se le llamó Iglesia. Y siempre que se aludía a más de uno de estos distintos organismos, se los llamaba Iglesias; pues la palabra Iglesia usada en singular nunca se la empleaba para referirse a más de uno de estos organismos, ni siquiera se hacía eso al referirse a todos ellos.
10. Me permito señalar otra nota o marca distintiva, a saber, la completa separación de la Iglesia y el Estado. Ninguna combinación o mezcla tiene que hacerse entre esta religión espiritual, y el gobierno temporal. A esto hay que añadir la "completa libertad religiosa" para todo el mundo.
PRIMER PERIODO (Desde al año 30 al 500)
1.
Debido al extraño, bien que maravilloso, impulso y dirección
de Juan el Bautista, el elocuente pregonero del desierto, y al
amoroso contacto y la milagrosa eficacia del poder de Cristo, así
corno a la admirable predicación de los apóstoles y de sus
inmediatos sucesores, la religión cristiana se propagó por modo
extraordinario durante los primeros quinientos años de su
existencia, dejando, eso sí, un horrible rastro de sangre tras sí.
2. A continuación del Salvador, y en rápida sucesión, fueron martirizados muchos otros héroes. Esteban fue lapidado; Mateo, muerto en Etiopía; Marcos, arrastrado por las calles, hasta que murió; Lucas, ahorcado; Pedro y Simeón, crucificados; Andrés, atado a una cruz; Santiago, decapitado; Felipe, crucificado y apedreado; Bartolomé, desollado vivo; Tomás alanceado; Santiago el Menor, arrojado de lo alto del templo al pavimento, causándole la muerte; Judas fue asaeteado; Matías, apedreado, y Pablo, decapitado.
3. Habían transcurrido ya más de cien años cuando estas cosas sucedieron. Esta fiera persecución del judaísmo y el paganismo prosiguió durante dos o tres siglos más. Con todo, la religión cristiana se propagó de una manera extraordinaria, por todo el imperio romano: Europa, Asia, Afrecha, Inglaterra, Gales y muchas otras partes donde había alguna civilización. Las Iglesias se multiplicaban sobremanera, los discípulos acrecían continuamente; pero algunas Iglesias prosiguieron el error.
4. La
primera desviación de las enseñanzas del Nuevo Testamento comprendió
el sistema de gobierno y la doctrina.
5. Otro cambio vital que, según se desprende de la historia, ha tenido lugar a fines del siglo segundo, es el relacionado con la gran doctrina de la salvación. Los judíos, lo mismo que los paganos, habían sido enseñados, por muchas generaciones, a dar gran importancia a las ceremonias. Habían llegado a mirar los tipos como anticipos, las sombras como sustancias reales; y las ceremonias como verdaderos agentes o medios de salvación. Es lo que sucedió con el bautismo. Sin duda, se dijeron: La Biblia habla mucho del bautismo. En ella se hace mucho hincapié sobre ese ordenamiento y el deber de obedecerlo. Seguramente que ello se debe a que ese ordenamiento tiene algo que ver con la salvación. El resultado fue que en ese período la idea de la regeneración bautismal llegó a predominar en algunas Iglesias. (Shackelford Pág. 57; Camp, Pág. 47; Benedict, Pág. 286; Mosheiín, tomo 1 Pág. 134; Christian, Pág. 28).
6. Otro
grave error que comenzó a infiltrarse y que, según algunos
historiadores, comenzó en este mismo siglo, y del que es dable decir
fue una inevitable consecuencia de la idea de 1 regeneración
bautismal, fue el del cambio de los sujetos de bautismo. Y así, no
bien se consideró a ese ordenamiento como agente o medio de
salvación, se juzgó que cuanto más pronto se lo recibiese, tanto
mejor. Tal fue el origen del "bautismo infantil." Antes de eso, los
"creyentes," y sólo los "creyentes," eran considerados como los
únicos sujetos propios de ese ordenamiento.
7. Recuérdese que cambios semejantes a los mencionados aquí, no se hicieron en un día ni en un año, sino que se fueron realizando paulatinamente, y nunca en todas las Iglesias. Algunas de ellas los repudiaron enérgicamente. Tanto es así que el año 251 las Iglesias que se mantuvieron fieles rompieron la comunión con las que aceptaron v practicaron tales errores. Esa fue la primera separación oficial efectiva entre las Iglesias.
8. Debe advertirse que durante los tres primeros siglos tuvieron lugar tres importantes cambios vitales, en las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles. También tuvieron lugar algunos significativos sucesos.
Nótese esta sumaria recapitulación: (1) El cambio de la idea neotestamentaria del obispo y del gobierno eclesiástico. Este cambio fue rápido, oficial, definitivo y dañoso. (2) El cambio de las enseñanzas del Nuevo Testamento tocante a la regeneración, por la "regeneración bautismal."
(3) El cambio del "bautismo de creyentes" por el
"bautismo infantil." (Este último, sin embargo, no se hizo general
ni muy frecuente por más de un siglo.)
9.
La "regeneración bautismal" y el "bautismo infantil." Estos
dos errores, según el categórico testimonio de la historia, causaron
más derramamiento de sangre de cristianos en el transcurso de los
siglos que todos los otros errores combinados, o probablemente que
todas las guerras (no relacionadas con las persecuciones), si se
exceptúa la reciente guerra mundial (1914-1918). Sí; más de
cincuenta millones de cristianos sufrieron el martirio,
principalmente por haber rechazado estos dos errores durante el
sombrío período de la Edad Media, esto es, en el lapso de doce o
trece siglos.
10.
La historia nos refiere que durante estos tres primeros
siglos existían en la gran mayoría de las Iglesias estos tres
significativos hechos: (1) La separación e independencia de las Iglesias. (2) La subordinación de los obispos o pastores a la Iglesia.
(3)
El bautismo de creyentes únicamente.
Citaré a Mosheim, el más grande de todos los
historiadores luteranos, tomo 1, Págs. 71 y 72: "Quien quiera que
suponga que los obispos del Siglo de Oro de la Iglesia eran
semejantes a los de los siglos posteriores, no hará sino una mezcla
y confusión de caracteres muy diferentes, porque en este y el
siguiente siglo, un obispo tenía a su cargo una sola Iglesia, que
ordinariamente podía reunirse en una casa particular; tampoco era su
amo o señor, sino sólo su ministro o servidor. En estos tiempos
primitivos, todas las Iglesias eran independientes, es decir, que
ninguna estaba sujeta a la jurisdicción de otra. Pues aunque las
Iglesias que habían sido fundadas por los apóstoles habían honrado a
éstos, consultándolos en casos dudosos, sin embargo, no tenían ni
autoridad judicial, ni dominio sobre ellas, ni facultad para
dictarles leyes. Por el contrario, tan evidente es que las Iglesias
tenían iguales derechos, como la luz de mediodía, desde que se
encontraban en el mismo pie de igualdad."
11.
Sin embargo, hasta este período, el cristianismo, no obstante
sus muchas y graves persecuciones, se había propagado
maravillosamente, hasta el punto de extenderse hasta más allá del
imperio romano, con el resultado de que casi todo el mundo habitado
había oído el Evangelio. Es más; según algunos historiadores
eclesiásticos, muchas de las iglesias fundadas por los apóstoles se
hallaban en esta época todavía intactas, y fielmente adheridas a las
enseñanzas apostólicas. Sin embargo, como ya se ha dicho, un número
de grandes y dañosos errores habían penetrado y perpetuándose en no
pocas iglesias, lo que hizo qué el estado de algunas fuese muy
irregular.
12.
En este período, las persecuciones fueron cada vez más
fieras. A principios del siglo cuarto, es quizá cuando aparece el
primer edicto gubernamental contra los cristianos. Este se dio a la
publicidad el 24 de febrero de 303, D. de C. Hasta ese entonces, el
paganismo, a lo que parece, había perseguido a los cristianos sin
que ninguna ley lo ordenara.
13.
Pero ese edicto fracasó de tal manera en su propósito de
detener el progreso del cristianismo, que el mismo emperador,
Galerio, que lo había promulgado, publicó otro, ocho años más tarde,
en 31 1, revocando el primero, y concediendo a los cristianos la
debida tolerancia para practicar su religión. Es probable que este
edicto haya sido el primero en favorecerlos.
14.
A principios del año de 313, el cristianismo alcanzó una
señalada victoria sobre el paganismo, con motivo de haber
ascendido al solio imperial de los Césares un nuevo emperador.
15.
Todo esto dio lugar a una tregua, a un cortejo y a un
maridaje entre el imperio romano y la religión cristiana, mediante
la intervención del emperador. Las palabras de este contrato
matrimonial fueron éstas: "Dadnos vuestro poder espiritual, y
nosotros os daremos nuestro poder temporal."
16.
Para efectuar y consumar esa impía unión, se convocó a un
concilio. Esa convocatoria tuvo lugar el año 313; por ella se
invitaba a las iglesias cristianas o a sus representantes a esa
asamblea. Muchas fueron las que acudieron, aunque no todas, al
llamado.
17.
La Jerarquía fue el principio exacto de un proceso que trajo
como resultado final lo que ahora se conoce como la Iglesia católica
o universal. Cabría decir de ella que su exacto comienzo tuvo lugar
a fines del siglo segundo y comienzos del tercero, cuando las nuevas
ideas acerca de los obispos y el gobierno prelaticio de la Iglesia
comenzaron a perfilarse.
18.
Téngase muy presente que cuando Constantino convocó el
concilio, hubo muchos cristianos (bautistas) y muchas Iglesias que
rehusaron acudir, por ser contrarios a todo maridaje entre la
Iglesia y el Estado, al gobierno religioso centralizado y al
gobierno jerárquico o de prelados, por ser eso opuesto al gobierno
congregacional. Ni esos cristianos (bautistas) ni esas Iglesias se
embanderaron ni entonces ni más tarde en la jerarquía de la
denominación católica.
19.
Cuando se creó esa jerarquía, Constantino, que fue reconocido
como cabeza de ella, aun no era cristiano. Había convenido en
serlo, sí, pero como las extraviadas e irregulares Iglesias que
habían entrado con él en esa organización habían adoptado el error
de la generación bautismal, surgió en el ánimo del emperador una
tremenda duda: "Si yo soy salvo - se dijo de mis pecados mediante el
bautismo, ¿cómo me salvaré de los que pueda cometer después de
bautizarme? "Es decir, que suscitó una cuestión que ha confundido a
todas las generaciones subsiguientes: ¿Puede el bautismo lavar los
pecados aún no cometidos? 0, ¿se lavan los pecados cometidos antes
del bautismo mediante un procedimiento, a saber, el bautismo, y los
cometidos después, mediante otro?
20.
No pudiendo resolver satisfactoriamente las muchas cuestiones
que surgieron de su mente, Constantino decidió, finalmente, unirse a
los cristianos, pero aplazando su bautismo hasta el momento de su
muerte, a fin de que todos sus pecados pudieran ser lavados de una
vez. Tal fue la directiva que siguió; de ahí que no fuese bautizado
sino hasta poco antes de morir.
21.
La conducta de Constantino de repudiar la religión pagana,
que era la de todo el imperio, para aceptar la cristiana, le granjeó
el desagrado del Senado romano, el cual repudió su proceder, o,
cuando menos, se opuso a él. Esa oposición del Senado indujo a
Constantino a trasladar la capital del imperio de Roma a Bizancio,
una antigua ciudad, que él reedificó, y a la que llamó
Constantinopla, en honor suyo. El resultado fue que hubo dos
capitales del imperio: Roma y Constantinopla. Estas dos ciudades,
que fueron rivales por muchos siglos, llegaron a ser más tarde el
asiento de la autoridad religiosa de la Iglesia católica, dividida
en dos ramas: la griega y la romana.
22.
Hasta el establecimiento de la jerarquía y la unión de la
Iglesia y el Estado, todas las persecuciones fueron realizadas, ya
por el judaísmo, ya por el paganismo. Ahora se produce un tremendo
cambio: los cristianos (de nombre) comienzan a perseguir a los
cristianos que disienten de ellos.
23.
Téngase presente que estamos refiriendo sucesos que
ocurrieron entre los años 300 y 500 D. de C.
24.
Una de sus primeras disposiciones legislativas, y de las que
más subversivos resultados produjeron, fue el establecimiento por
ley del bautismo infantil.
25.
Como consecuencia inevitable de esta nueva doctrina y esta
nueva ley, estas extraviadas Iglesias pronto se llenaron de miembros
inconversos. El resultado fue que no pasaron muchos años antes de
que la mayoría de los miembros se compusiese de inconversos. Este
estado de cosas hizo que los grandes intereses del gran reino
espiritual de Dios estuviesen en manos de elementos no regenerados.
¿Qué podía esperarse de esta situación?
26.
Desde luego, los creyentes y las Iglesias leales rechazaron
esta nueva ley; pues para ellos, la única ley válida era la del
bautismo de creyentes, por ser el único bautismo neotestamentario. Y
así, no sólo rehusaron bautizar a sus hijos, sino que, creyendo,
como creían, en el bautismo de creyentes, rehusaron el bautismo
administrado por las Iglesias de esta anti-escritural organización.
Por manera que si uno de los miembros de esas Iglesias extraviadas
deseaba unirse a alguna de las que habían rehusado plegarse a la
nueva organización, se le exigía que diese pruebas de genuina
conversión, y se rebautizase.
27.
Esta conducta de parte de las Iglesias leales pronto incurrió
en el furibundo desagrado de los devotos de la religión del Estado,
muchos de los cuales, si no los más de ellos, no eran genuinos
cristianos.
28.
El año 426, exactamente diez años después de haberse
establecido con fuerza de ley el Bautismo infantil, comenzó el
horrible período conocido como la Edad Media. ¡Qué horrible período
fue ese! ¡Cuán tenebroso y sangriento fue! Durante diez siglos, a
partir de ese entonces, el rastro del cristianismo leal se halla
regado por su misma sangre. Hay muchos nombres llevados por los
perseguidos. A veces esos nombres les fueron dados debido a algún
jefe heroico que los acaudillaba; y otras debido a otras causas.
Ocurría a veces que el mismo pueblo era designado en cada país con
distinto nombre.
29.
Fue a principios de la Edad Media cuando comenzó el papado,
en la persona de León 11, 440-46 1. No fue, sin embargo, entonces
cuando se usó por primera vez el título de papa. Ese título, lo
mismo que el de Iglesia católica, fue ampliado. El nombre aparece
por primera vez aplicado al obispo de Roma, entre 296 y 304. El
primero en adoptarlo formalmente fue Siricio, obispo de Roma de 384
'k 408. Luego fue adoptado oficialmente por León II, 440-461.
Después fue universalmente reivindicado por todos los obispos, 707,
hasta que Gregorio VII, unos siglos más tarde, declaró que ese
título era exclusivo del papa. 30. Recapitulemos ahora los sucesos más significativos de este primer período de quinientos años: (1) El cambio gradual del gobierno democrático por uno de carácter prelaticio. (2) El cambio de la salvación por gracia por la salvación bautismal. (3) El cambio del bautismo de creyentes por el bautismo infantil. (4) La Jerarquía. Maridaje de la Iglesia y el Estado. (5) La capital del imperio trasladada a Constantinopla. (6) El bautismo infantil establecido por ley, y declarado obligatorio. (7) Los cristianos comienzan a perseguir a los cristianos. (8) La Edad del oscurantismo comenzó en 426. (9) La espada y la tea, más bien que el Evangelio, llegan a ser el poder de Dios (? ) para salvación ... (10) Todo resto de "libertad religiosa" acaba por morir; se la entierra, y enterrada queda por varios siglos. (11) Las Iglesias leales al Nuevo Testamento, conocidas por muchos nombres, son perseguidas sin tregua ni descanso por el poder temporal de la nueva Iglesia católica.
Restos de creyentes que se hallan dispersos por
todo el mundo, buscan refugio (poco seguro) en los lugares más
ocultos de los bosques, las montañas, los valles, los escondrijos y
cavernas de la tierra.
DISERTACIÓN SEGUNDA
1. Hemos
terminado la primera disertación en el siglo quinto.
2. Volvamos
ahora nuestra atención a los concilios llamados "Ecuménicos" o
imperiales.
3. El
primero de esos concilios se celebró en Nicea, en 325, convocado por
Constantino el Grande, al que asistieron 318 obispos.
4. Hay
una nueva doctrina a la cual hemos dejado de llamar la atención.
Sin duda que también hay otras que se hallan en el mismo caso, pero
hay una especialmente, a la que quiero llamar vuestra atención, y
esa es la de la "Comunión infantil." En efecto, a los niñitos no
sólo se les bautizaba y recibía en la Iglesia, sino que se los
suponía capaces de participar de la Cena del Señor.
5. En
el concilio de Calcedonia, celebrado en 451, se añadió otra doctrina
enteramente nueva, que acrecentó rápidamente la "a, a saber, la
doctrina, llamada mariolatría o culto a María, la Madre de Jesús.
6.
En el siglo octavo, se añadieron a la fe católica otras dos
nuevas doctrinas, las que fueron promulgadas en el segundo concilio
celebrado en Nicea, el que tuvo lugar el año 787.
7. Durante
el período que acabamos de recorrer, los perseguidos fueron llamados
por muchos y variados nombres, como donatistas, petrobrusianos,
cátaros, paulicianos y anabaptistas. Algo más tarde, fueron
llamados amoldistas, enriqueños, albigenses y valdenses. A veces
uno de estos grupos sobresalía sobre los demás, y otras, otro. Pero
algunos de ellos casi siempre se destacaron a causa de lo
persistente y terrible de la persecución.
8. Pero
no se vaya a pensar, sin embargo, que todos estos perseguidos hayan
sido siempre leales en todo sentido a las enseñanzas de¡ Nuevo
Testamento. En lo esencial, sí lo fueron. Y algunos, si se tienen
en cuenta las circunstancias que los rodeaban, fueron
sorprendentemente fieles. Téngase presente que muchos de ellos sólo
poseían en aquellos lejanos tiempos partes del Nuevo o del Viejo
Testamento; pues como los sagrados libros no estaban ¡impresos, sino
manuscritos en pergamino o algo por el estilo, eran grandes y
voluminosos. Ello hacía que fuesen pocas - si es que había alguna -
las familias y hasta las simples Iglesias que tenían ejemplares
completos de la Biblia. Antes de la formal terminación del canon,
lo cual ocurrió a fines del siglo cuarto, había muy pocos
manuscritos de todo el Nuevo Testamento. De los mil de ellos de que
tenemos noticia, sólo unos treinta contienen todos los libros de que
consta el Nuevo Testamento.
9.
Además, durante toda la Edad Media y el período en que
arreciaron las persecuciones, se hicieron grandes esfuerzos por
destruir las Sagradas Escrituras, sin excluir los ejemplares que
poseían los propios perseguidos. De ahí que esas víctimas de la
persecución tuviesen, en muchos casos, únicamente algunos fragmentos
de la Biblia.
10. Conviene
también advertir que en aras de impedir la difusión de opiniones
contrarías a las de los católicos, se hicieron planes y se tomaron
medidas en ese sentido. Como primera providencia, se dispuso que
todos los escritos sin distinción fuesen recogidos y quemados. Esta
medida se aplicó especialmente a los libros, lo que se hizo con todo
rigor y persistencia, por espacio de varios siglos. Tal fue, según
la historia, la causa principal de que sea tan difícil lograr datos
históricos exactos. Además, todos los escritores y predicadores que
se mostraron inflexibles sufrieron el martirio. Ese período fue
sobremanera sanguinario; tanto, que todos los grupos heréticos (así
eran llamados) que persistían en sus opiniones, no importa cuál
fuese su nombre ni dónde viviesen, eran perseguidos.
11. He
aquí algunas de las nuevas variaciones que se produjeron acerca de
las enseñanzas del Nuevo Testamento durante todos esos siglos. Es
probable que no siempre se den en el orden del tiempo de su
promulgación. En efecto, ocurriría a veces que sería casi imposible
lograr la fecha exacta del comienzo de estos cambios. Ha ocurrido
con ellos, sin duda, algo semejante a todo el sistema católico;
desde que son efectos de un desarrollo gradual. Sus doctrinas o
enseñanzas estuvieron sujetas, en los primeros años, a un constante
cambio, mediante adiciones, sustracciones, o sustituciones o
anulaciones. El resultado fue que la Iglesia católica ya no era,
dado que alguna vez lo fuese, una Iglesia neotestamentaria. Tampoco
era ya un cuerpo meramente ejecutivo, para cumplir las leyes de
Dios, sino que se había convertido en uno de carácter legislativo,
que hace otras nuevas, y que cambia o abroga las antiguas a su gusto
y paladar.
12.
Una de sus nuevas doctrinas o declaraciones dadas a conocer
por ese entonces, fue ésta: "Fuera de la Iglesia no hay salvación."
Como, según ellos decían, no había otra Iglesia que la católica, se
seguía que había que ser católico, o de lo contrario, perderse.
13.
La doctrina de las indulgencias y la venta de las mismas
constituyó otra nueva y grave desviación de las enseñanzas del Nuevo
Testamento. Pero con la mira de que esa nueva enseñanza fuese hecha
efectiva, fue preciso introducir todavía, con carácter imperativo,
otra nueva doctrina, a saber, la de abrir un gran crédito en el
cielo, pero accesible a la tierra. Y así se enseñó que las "obras
buenas" poseían mérito para el logro de la salvación. Que ese
crédito o depósito se podía acrecentar depositando algo a cuenta en
él, del que también algo se podría sacar o extraer.
14.
Todavía fue necesaria otra nueva doctrina, sí, imperativa,
para hacer las dos últimas completamente efectivas. Esa nueva
doctrina es la del llamado purgatorio, un lugar de estado intermedio
entre el cielo y el infierno, al cual todos deben de ir para
purificarse de todo pecado que no sea mortal. Aun los "santos"
deben pasar por el purgatorio y permanecer en él hasta ser
enteramente purificados por el fuego, excepto que logren ayuda
procedente del ante dicho crédito, cosa que sólo pueden lograr
mediante las, oraciones y el lucro de indulgencias que hagan y
lucren los vivos en favor de ellos. De ahí la venta de
indulgencias. Es inútil; una desviación de las enseñanzas del Nuevo
Testamento siempre conduce inevitablemente a otras. 15. Detengámonos ahora un momento para mostrar cuales sean las principales diferencias entre los católicos romanos y los griegos: (1) En cuanto a nacionalidad, los griegos son principalmente esclavos, los que comprenden Grecia, Rusia, Bulgaria, Serbia, etc. Los romanos son principalmente latinos; esta Iglesia domina en Italia, Francia, España, y la América del Sur, la Central, México, etc. (2) Los católicos griegos rechazan el bautismo por aspersión o afusión; los romanos, en cambio, practican la aspersión únicamente, pretendiendo que tienen derecho a cambiar la forma original bíblica, que era la inmersión. (3) Los griegos continúan practicando la comunión infantil; los romanos la han abandonado, aunque la enseñaron en otro tiempo, como medio de salvación. (4) Los griegos administran la comunión en ambas especies a los laicos, dándoles no sólo el pan, sino también el vino; los romanos solos les dan el pan; el vino sólo lo toman lo sacerdotes. (5) Los griegos tienen sacerdotes casados; los romanos prohíben a sus sacerdotes contraer matrimonio.
(6) Los griegos rechazan el dogma de la
infalibilidad papas; los romanos no sólo la aceptan, sino que
insisten e defenderla.
Tales son los principales puntos en que difieren
esas dos Iglesias; fuera de eso, podrían marchar unidas. Otras
diferencias entre ambas Iglesias, son: (1) Los griegos celebran sus
oficios EN LENGUA VULGAR; (2) No creen en la existencia del
PURGATORIO; (3) Emplean en la comunión PAN LEUDADO; y (4) No tienen
en sus templos IMAGENES DE TALLA, sino cuadros o pinturas.
16.
Hemos llegado, en nuestras disertaciones, al siglo noveno.
17.
Llamo de nuevo vuestra atención a aquellos a quienes atrapó
la mano de hierro de la persecución.
18.
Hemos llegado a otro período bastante largo d concilios
ecuménicos, pero éstos no fueron ni continuos consecutivos.
19.
Cuando un pueblo desecha el Nuevo Testamento, que contiene
todas las normas necesarias para dirigir la vida cristiana del
individuo y de la Iglesia, ese pueblo se ha suicidado, arrojándose a
un piélago sin límites.
20.
Los extremados límites de este librito excluyen la
posibilidad de extendemos acerca de estos concilios o asambleas
legislativas; con todo, fuerza será que digamos algunas cosas acerca
de ellos.
21.
El primero de los concilios lateranenses u occidentales,
convocados por los papas, fue convocada por Calixto II, en 11 23.
Estuvieron presentes alrededor de 300 obispos. En esta asamblea se
decretó el celibato de los sacerdotes católicos romanos. Desde
luego, no intentaremos exponer todo lo tratado en estas asambleas.
22.
Años más tarde, en 1139, bajo el pontificado de Inocencio II,
se convocó otro de estos concilios, especialmente para condenar a
dos grupos de devotísimos cristianos, conocidos como petrobrusianos
y amoldistas.
23.
Alejandro III convocó todavía otro, en 1179, cuarenta años
después del anterior. En él fueron condenados lo que ellos llamaron
los "errores e impiedades" de los valdenses y de los albigenses.
24. Treinta y seis años exactamente después del último, se convocó a otro, por el papa Inocencio III. Este se celebró en 1215, siendo, según parece, el más concurrido de estos grandes concilios. Según la historia de esta asamblea, "estuvieron presentes en ella 412 obispos, 800 abades y priores, embajadores de la corte bizantina, y un gran número de príncipes y nobles." Por lo abigarrado de esta asamblea, ya podéis comprender que no fueron asuntos espirituales únicamente los que en ella se trataron. En aquel entonces se promulgó la nueva doctrina de la "transustanciación" que pretende convertir el pan y el vino de la cena del Señor en el verdadero cuerpo y sangre de Cristo, después que el sacerdote pronuncia las llamadas palabras sacramentales. Fue esta doctrina, entre otras, la que, siglos más tarde, sacudió a los adalides de la Reforma. Según ese dogma, todos los que participan de la comunión, comen realmente el cuerpo de Cristo, y beben su sangre. En esta asamblea parece que se originó un nuevo dogma, el de la confesión auricular, consistente en la obligación de confesar los pecados de uno al oído del sacerdote. Pero es probable que la más cruel y sanguinaria institución que registra la historia de la humanidad, impuesta jamás a un pueblo, sea la conocida como la "Inquisición," así como otros tribunales destinados a averiguar y juzgar los casos de "herejía." El mundo está lleno de libros que condenan esa extrema crueldad. Sin embargo, esa institución se originó y perpetuó por gente que pretende ser guiada por el Señor. Por lo que respecta a su barbarie, parece que no hay nada, absolutamente nada, en toda la historia, que la sobrepase. Tan bárbara ha sido, que yo no me atrevería a describirla. Me limitaré, pues, a remitir a mis lectores a algunos de los numerosos libros que tratan de la "Inquisición," a fin de que se enteren por sí mismos.
Pero como si no fuese ya bastante con la
anterior, esta asamblea o concilio decretó expresamente la
extirpación de toda "herejía." ¡Cuántas páginas luctuosas contiene
la historia del mundo, escritas a causa de esos horribles decretos!
25.
En 1229, catorce años justos después de esa terrible
asamblea, tuvo lugar otra más. Esta parece que no fue ecuménico.
Se la conoce como el concilio de Tolosa. Probablemente, uno de los
asuntos más vitales de toda la historia del catolicismo fue
promulgado en esta reunión. En efecto, se decretó que la lectura de
la Biblia, el libro de Dios, se prohibiese a todos los laicos,
excepto a los sacerdotes o altos signatarios de la Iglesia. ¡Qué
decreto tan extraño en vista de la clara enseñanza de la Palabra
Divina, que dice: "Escudriñad las Escrituras, porque en ellas creéis
tener la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí."
(Juan 5:39)
26.
Todavía se convocó a otro concilio que habría de reunirse en
la ciudad de Lión. Lo convocó el papa Inocencio IV, en 1245. El
objeto por el cual fue convocado parece que fue principalmente para
excomulgar al emperador Federico I de Alemania.
27.
En 1274, fue convocado otro concilio, con la mira de reunir
de nuevo las dos ramas, griega y romana, de la gran Iglesia
católica. Pero fracasó completamente en lograr su propósito.
TERCERA DISERTACION
1.
Los tres siglos: quince, dieciséis y diecisiete, figuran
entre los más memorables de la historia de la humanidad, y muy
especialmente, de la historia del cristianismo. Dentro de la
Iglesia católica, tanto en la rama latina como en la griega, hubo
una continua revolución, cuyo objeto era el de lograr una reforma.
Este despertar de la conciencia religiosa, después de haber dormido
por tanto tiempo, y el anhelo de una genuina reforma, comenzó, en
realidad, en el siglo trece, y hasta es posible que comenzase un
poco antes. La historia parece realmente insinuarlo así.
2.
Retrocedamos un poco. La Iglesia católica, con sus
innumerables desviaciones de las enseñanzas del Nuevo Testamento,
sus muchas extrañas y crueles leyes, su estado moral,
desesperadamente bajo, así como sus manos y ropas bañadas con la
sangre de millones de mártires, se había vuelto odiosa y sumamente
repulsiva aún para muchos de sus mismos adherentes, los cuales eran
mucho mejores que su propio sistema de leyes, doctrinas y prácticas.
3.
Conviene tener presente, sin embargo, que por espacio de
muchos siglos antes de este gran período reformista, hubo una
crecida cantidad de personas notables que se rebelaron contra los
horribles extremismos de los católicos, y que procuraron
sinceramente mantenerse leales a las enseñanzas de la Biblia. Pero
todo lo que éstos dejaron tras sí fue un reguero de sangre.
4.
Entre 1320 y 1384, hubo en Inglaterra un hombre que atrajo la
atención del mundo entero. Se llamaba Juan Wiclef. Este fue el
primero de los valientes que tuvieron la osadía de emprender una
verdadera reforma dentro de la Iglesia católica. En la historia se
le alude muchas veces con el nombre de el "Lucero del Alba" de la
Reforma. Se caracterizaba por una vida fervorosa y útil. Fue tal
su vida, que se requerirían varios tomos para escribir su historia.
De ahí que fuese odiado (odiado y temido a la vez) por los jerarcas
católicos, quienes hicieron cuanto pudieron por atraparlo y acabar
con él. Pero felizmente no lograron su siniestro propósito, sino
que murió de parálisis. Pero el odio que los católicos le tenían
era tan profundo, que, años más tarde, desenterraron sus huesos los
quemaron y arrojaron sus cenizas al agua.
5.
Siguiendo más o menos de cerca las huellas de Wiclef,
apareció en escena Juan Huss, 1373-1415, ilustre hijo de la lejana
Bohemia. La brillante luz del "Lucero del Alba" de Inglaterra había
penetrado en su alma, y respondido alegremente a ella. Fue la suya
una vida denodada y memorable, pero lamentablemente corta. Huss,
lejos de excitar la cuerda sensible de sus correligionarios
católicos, excitó el miedo, el odio y la oposición, de resultas de
lo cual fue quemado en la pira pública cual mártir de su propio
pueblo, no obstante buscar el bien de éste. Cierto que amaba a Su
Señor, pero también lo es que amaba a su pueblo. Sin embargo, él
fue uno de entre los muchos millones que hubieron de morir de la
misma manera que él.
6.
A continuación de Juan Huss, de Bohemia, aparece en escena un
portentoso hijo de Italia, el soberanamente elocuente Savonarola,
1452-1498, nacido treinta y siete años después que Juan Huss hubo
sido quemado. Savonarola, a semejanza de Huss, aunque era católico
devoto, descubrió que los gobernantes de su patria, Italia, lo mismo
que los de Bohemia, eran contrarios a la reforma. Pero con su
poderosa elocuencia consiguió despertar algunas conciencias y
atraerse considerable número de partidarios. Pero una verdadera
reforma de la Jerarquía significaba la ruina absoluta de las altas
esferas de la Iglesia. Y así, Savonarola, a semejanza de Huss, hubo
de morir, quemado en la pira pública.
7.
Desde luego, al dar los nombres de los reformadores de este
período, de necesidad es que se excluyan algunos; y así sólo
menciono aquellos a quienes se refiere la historia con más
frecuencia.
8.
Martín Lutero, acaso el más notable de todos los reformadores
de los siglos quince y dieciséis, floreció entre los años de 1483 y
1546. Como puede verse por estas fechas, Lutero fue realmente
contemporáneo de Zuinglio; como que nació un año antes que éste, y
murió quince años después. Es probable, sin embargo, que sus
grandes predecesores le hayan facilitado el cumplimiento de su
nación, y ello en una medida mucho mayor que la señalada por la
historia. Es más; mediante la dura experiencia de aquéllos y luego
más tarde en forma más acabada, mediante la suya propia, comprendió
que una reforma en regla dentro de la Iglesia romana sería
completamente imposible, ya que se hubieran necesitado demasiados
expedientes. El empleo de uno exigiría otro, y éste, otro; y así,
sucesivamente, hasta lo infinito.
9.
De consiguiente, después de librar grandes batallas con los
grandes jerarcas del catolicismo, Lutero, auxiliado por Melancton y
otros alemanes prominentes, fundó en 1530, más o menos, una
institución cristiana, enteramente nueva, conocida
actualmente como la Iglesia luterana, la que pronto se
convirtió en la Iglesia de Alemania. Fue esa la primera de las
nuevas fundaciones salidas directamente de Roma, que rompieron con
todo compromiso de fidelidad y obediencia a la Iglesia madre (como
la llaman), y a continuar viviendo en esa relación.
10.
Pasando por alto, por ahora, a la Iglesia de Inglaterra, que
es la que sigue en orden a la luterana en cuanto a sus comienzos,
continuaremos ocupándonos por un rato de la Reforma en el
continente.
11.
En 1560, diecinueve años después que Calvino fundó la Iglesia
de Ginebra, Juan Knox, discípulo de Calvino, estableció la primera
Iglesia presbiteriano en Escocia; y treinta y dos más tarde, in
1592, esa misma Iglesia presbiteriano se transformó en Iglesia del
Estado escocés.
12.
Durante estas recias luchas en favor de la Reforma, muchos
anabaptistas prestaron su ayuda a los reformadores. Aquéllos,
creyendo y esperando hallar algún alivio a su dura suerte, salieron
de sus escondites y lucharon denodadamente al lado de los
reformadores; pero pronto sufrieron un terrible desengaño. En
adelante, tuvieron que habérselas con otros dos enemigos: los
luteranos y los presbiterianos, que al salir del catolicismo,
llevaron consigo muchos de los males que caracterizaban a éste,
entre otros, su idea de una Iglesia del Estado. De ahí que muy
pronto se convirtiesen una y otra denominación en Iglesias del
Estado. Ello hizo que las dos pronto se embarcasen en la empresa de
perseguir a otros, aunque sin llegar a los extremos de su católica
madre.
13.
Durante este mismo período, surgió otra denominación, no en
el continente, sino en Inglaterra, la cual precedió en varios años
al presbiteriano. Su origen no se debió tanto a la idea de Reforma
(aunque ésta facilitó su aparición) cuanto a una ruptura o división
en las filas católicas. Fue ésta más semejante a la división o
cisma que se produjo en 869, cuando los católicos orientales se
separaron de los occidentales, distinguiéndose ambas Iglesias desde
entonces en la historia con los nombres de Iglesia católica griega e
Iglesia católica romana.
14.
Pero esta división trajo como resultado un notable cambio, o
reforma. En efecto, si bien fue imposible reformar la Iglesia
Católica bajo la autoridad papel, sin salir de ella, como ocurrió en
el caso de Lutero y de otros, ello fue posible después de la
antedicha división; y así, Cramer, Latimer, Ridley y, otros
introdujeron algunos cambios notables; pero esos cambios los pagaron
más tarde muy caros, cuando María la sanguinaria, hija de la
repudiada Catalina, ascendió al trono de Inglaterra y restableció el
catolicismo, con el papa a la cabeza. Esa temible y espantosa
reacción terminó al fin de los cinco azarosos y sangrientos años que
duró el reinado de María. Muchas fueron las cabezas que cayeron
bajo la sangrienta hacha de esa soberana, pero, al final, también
cayó la suya.
15.
De esta manera, antes de fines del siglo dieciséis, había
cinco Iglesias sostenidas por el Estado: la ortodoxa griega, la
católica romana, la anglicana, la luterana y la de Escocia, conocida
como presbiteriano. Todas ellas se mostraron implacables en su odio
y persecución de los llamados anabaptistas, valdenses y demás
iglesias disidentes que no habían tenido jamás relación alguna con
los católicos. La gran ayuda que habían prestado durante las luchas
de la Reforma había sido echada en olvido o se ignoraba enteramente
a la sazón, con el resultado de que muchos millares más de
disidentes, incluso mujeres y niños, perecían cada día a
consecuencia de las interminables persecuciones. De esa forma, la
gran esperanza despertado por la Reforma resultó una sangrienta
desilusión. Los que quedaron hallaron refugio no muy seguro en los
amigables Alpes y otros ocultos lugares del mundo.
16.
Estas tres nuevas Iglesias separadas de Roma o salidas de
ella, retuvieron muchos de sus dañosos errores. He aquí algunos de
ellos: (1) Gobierno prelaticio; pues sólo difiere en la forma. (2) Iglesia sostenida por el Estado. (3) Bautismo infantil. (4) Bautismo por aspersión o afusión. (5) Creencia en la regeneración bautismal (unos más, otros menos), si ha de creerse a muchos de sus historiadores.
(6) La persecución de otros (al menos durante
algunos siglos).
17.
Al principio, todas estas Iglesias del Estado se perseguían
unas a otras, lo mismo que a cualquier otra; pero en un concilio
celebrado en Augsburgo en 1555, se firmó un tratado de paz, conocido
como la Paz de Augsburgo, entre los "católicos," por un lado, y los
"luteranos," por el otro, en virtud del cual se comprometían a no
perseguirse unos a otros. "Dejadnos en paz," decían, "y nosotros
haremos lo propio con vosotros." Para los católicos, luchar contra
los luteranos significaba la guerra en Alemania; y para los
luteranos, luchar contra los católicos o perseguirlos, significaba
la guerra con todos los países donde los católicos predominaban o
eran mayoría.
18.
Pero las persecuciones no cesaron entonces. De los odiados
anabaptistas, llamados ahora bautistas, no obstante todas sus
anteriores persecuciones y el hecho horroroso de que habían, ya
muerto cincuenta millones de mártires, todavía existía número
considerable de ellos.
19.
Recuérdese que los católicos no miran la Biblia como la sola
regla y guía de fe y de conducta. Afmnan, sí, que es infalible,
pero que hay otras normas de tanta autoridad como ella, a saber, los
escritos de los padres y los decretos de la Iglesia o las
declaraciones del papa infalible.
20.
Tomemos, como ejemplo, la cuestión del bautismo y la
autoridad final tocante al acto y al modo de celebrarlo. Ellos
dirán que la Biblia enseña, sí, sin lugar a dudas, el bautismo y que
también enseña que debe practicarse por inmersión únicamente. Pero
por otra parte pretenden que a su infalible Iglesia le asistió
perfecto derecho para cambiar la inmersión por la aspersión o la
afusión; pero que otros no tienen ese derecho o autoridad, sino sólo
el papa, por ser infalible.
21.
Bueno será que llamemos aquí la atención a algunos hechos
relacionados con la Biblia, ocurridos durante estas horribles
centurias.
22.
Bueno será también que todos nos detengamos a considerar otro
hecho vital relacionado con la Biblia.
CUARTA DISERTACIÓN
1.
Esta disertación principia con los comienzos del siglo
diecisiete.
2.
Este período de tres siglos comienza con el origen de una
denominación enteramente nueva: la congregacionalista. Es de
justicia decir que algunos historiadores le asignan como fecha de su
comienzo el año de 1602. Sin embargo, Schaff-Herzogs, en su
Enciclopedia, fija su principio mucho más antes, en el siglo
dieciséis, haciéndola coetánea de la luterana y la presbiteriano.
Como durante el gran movimiento reformista, muchos que salieron de
Roma no estaban satisfechos con la magnitud de la reforma realizada
por Lutero y Calvino, ni con el gobierno prelaticio, resolvieron
retomar a la idea democrática del Nuevo Testamento, sostenida
durante quince siglos por los que se habían negado a entrar en la
jerarquía creada por Constantino.
3.
Como la contención de esta nueva denominación tocante a la
reforma de ese particular fue terminante, le acarreó una acerba
persecución de parte de los católicos, los luteranos, los
presbiterianos y los anglicanos, es decir, de todas las Iglesias
sostenidas por el Estado.
4.
El nombre de "independientes," o "congregacionalistas," como
ahora se llaman, se deriva de su sistema de gobierno. (1) Que Jesucristo es la única cabeza de la Iglesia, y la palabra de Dios su único estatuto. (2) Que las Iglesias visibles son asambleas distintas compuestas de hombres piadosos, separados del mundo con fines puramente religiosos, y no deben confundirse con el mundo. (3) Que estas Iglesias separadas tienen plenos poderes para elegir sus propios ministros y demás servidores, y para mantener su propia disciplina.
(4) Que con respecto a su régimen interno,
cada Iglesia es independiente de todas las demás, lo mismo que de
toda intervención del Estado en sus asuntos.
5.
¡Cuánto difieren estos principios de los del catolicismo y
hasta de los del luteranismo, del presbiterianismo, o del
episcopalismo de la Iglesia de Inglaterra! ¡Y cuán semejantes son a
los de los bautistas de hoy y de todos los siglos pasados, y a las
enseñanzas originales de Cristo y sus apóstoles!
6.
En 1611 apareció la versión inglesa de la Biblia del rey
Jaime. Hasta entonces nunca se le había proporcionado al pueblo la
palabra de Dios con tanta amplitud.
7.
En 1648, se firmó el tratado de paz de Westfalia. Entre
otras cosas resultantes de ese pacto de paz, se halla el triple
acuerdo entre católicos, luteranos y presbiterianos, de no
perseguirse ya más los unos a los otros.
8.
Durante todo el siglo diecisiete, la persecución contra los
valdenses, los anabaptistas y los bautistas (pues ahora el ana fue
abandonado en algunas partes) prosiguió siendo sumamente severa. En
Inglaterra, por la Iglesia anglicana, como los atestiguan Juan
Bunyan y muchos otros, en Alemania, por los luteranos; en Escocia,
por la Iglesia escocesa o presbiteriano; en Italia, Francia y en
todas partes donde el papismo predominaba, por los católicos. Ahora
mismo, no hay paz para los que no concuerdan con las Iglesias del
Estado, o con alguna de ellas.
9.
Un hecho significativo, bien establecido por historiadores
fidedignos, es el de que ya en el siglo cuarto, los que rehusaban
entrar en la jerarquía y se negaban a aceptar como válido el
bautismo de los bautizados en la infancia, y la doctrina de la
regeneración bautismal, y exigían el rebautizo a los que,
procedentes de la Iglesia de la jerarquía, querían unirse con ellos
eran llamados "anabaptistas,-" no importa cuál fuese el nombre.
10.
El nombre "bautista" es un apodo, el cual les fue dado por
sus enemigos (excepto que les haya sido dado por el mismo Salvador
cuando se refirió a Juan como "el Bautista". Hasta el presente, ese
nombre nunca ha sido adoptado oficialmente por ningún grupo de
bautistas. Sin embargo, ha adquirido fijeza, siendo aceptado con
gusto y llevado con orgullo, pues es muy adecuado. Fue ese el
nombre que distinguió al precursor de Cristo, el primero en enseñar
la doctrina que los bautistas actualmente sostienen.
11.
Citaré ahora una declaración muy significativa de la
Enciclopedia de Schaff y Herzogs, tomo I, Pág. 210, artículo
"Historia de los Bautistas en Europa": "Los bautistas aparecieron
primeramente en Suiza por el ario de 1523, donde fueron perseguidos
hoy Zuinglio y los papistas. Entre los años de 1525 y 1530, se los
encuentra constituidos en grandes Iglesias muy bien organizadas en
el Sur de Alemania, en el Tirol y en la Alemania Central. En todos
esos lugares, sus vidas fueron amargadas con las persecuciones.
(Nótese bien, que todo esto es anterior a la fundación de las
Iglesias protestantes - luterana, episcopal, o presbiteriana.)
12.
Por ese asunto de vital importancia, notemos los siguientes
cambios religiosos que tuvieron lugar en Inglaterra en el
transcurso de los siglos: El Evangelio fue llevado a las
Islas Británicas por los apóstoles; esas islas continuaron siendo
apostólicas en su religión hasta que se hubo creado la jerarquía, a
principios del siglo IV; en realidad, hasta un siglo después de ese
acontecimiento. Luego cayó bajo el poder de la jerarquía, la que se
fue convirtiendo rápidamente en la Iglesia católica. Y así,
católica se mantuvo como religión del Estado, hasta el cisma de
1534-1535, ocurrido durante el reinado de Enrique VIII. Entonces
comenzó a llamarse Iglesia de Inglaterra. Dieciocho años más tarde,
1553-1558, durante el reinado de María, la Sanguinaria, Inglaterra
volvió al catolicismo, al que siguió un sangriento período de cinco
años. Luego ascendió al trono su media hermana Isabel, hija de Ana
Bolena, en 1558. Los católicos fueron nuevamente desalojados, y la
Iglesia anglicana volvió a ser restablecida; y así siguieron las
cosas por espacio de un siglo más o menos, cuando la Iglesia
presbiteriano logró predominar por un corto tiempo. Y según parece,
llegó a ser por un corto espacio de tiempo Iglesia de Inglaterra al
par que de Escocia. Sin embargo, después de la época continuado
siendo desde entonces la Iglesia del Estado.
13.
Obsérvese como se fue mitigando gradualmente en Inglaterra lo
duro y acerbo de las persecuciones religiosas de la Iglesia del
Estado, realizadas durante más de un siglo: (1) El primer decreto de tolerancia apareció en 1688, ciento cincuenta y cuatro años después de la fundación de esta Iglesia. Por ese decreto, se permitía el ejercicio de todos los cultos, con excepción del católico y el unitario. (2) El segundo decreto, del mismo tenor, se publicó en 1778, ochenta y nueve años después del anterior. Por ese decreto se permitía también a los católicos el ejercicio de su culto, pero se excluía a los unitarios. (3) El tercer decreto de tolerancia se promulgó en 1813, treinta y cinco años más tarde que el precedente. Este incluía a los unitarios. (4) En 1828-1829 fue promulgado el decreto conocido como el "decreto de ensayo," por el cual se concedía a los "disidentes" de la Iglesia anglicana acceso a los empleos públicos y aún a los cargos parlamentarios. (5) En 1836-1837 y 1844 los decretos de "inscripción" y de "matrimonio." En virtud de esos dos decretos se les reconocía validez a los bautismos y matrimonios celebrados por los disidentes.
(6) En 1854 apareció "la ley de reforma." Por
esta ley, se les abrían las puertas de las universidades de Oxford y
Cambridge a los estudiantes disidentes. Hasta entonces, ningún hijo
de disidente podía entrar en ninguna de esas dos grandes
instituciones.
14.
Tal ha sido el avance del progreso hacia la "libertad
religiosa" en Inglaterra. Pero es probable que estén en lo cierto
los que dicen que no puede haber verdadera "libertad religiosa" en
un país en que no existe una religión del Estado. Cuando mucho,
habrá tolerancia religiosa, lo cual dista mucho de la libertad.
Mientras haya en un país una denominación religiosa sostenida por el
gobierno con exclusión de todas las demás, no será posible la
absoluta libertad religiosa ni la igualdad.
15.
A principios del siglo dieciocho vinieron al mundo en
Inglaterra tres niños que estaban destinados a ejercer grande
perdurable influencia en el mundo. Esos niños fueron Juan y Carlos
Wesley, y Jorge Whitfield.
16.
A lo que parece, ellos no deseaban fundar una nueva
denominación. Lo que más bien deseaban (y por ello lucharon con
gran esfuerzo) fue un gran avivamiento de la religión en toda su
pureza, y una reforma en la Iglesia de Inglaterra. Tal fue lo que
procuraron con ahínco en Inglaterra y América.
17.
La fecha precisa de la fundación de la Iglesia metodista es
difícil de precisar. Está fuera de duda, sin embargo, que el
metodismo es más antiguo que la Iglesia de ese nombre. Pues antes
de que esos tres jóvenes dejasen la universidad, ya se los
calificaba de metodistas.
18.
El 12 de septiembre de 1788 nació en Irlanda, un niño que
estaba destinado, con el correr de los años, a producir una gran
agitación religiosa en algunas partes del mundo, y a ser el fundador
de una nueva denominación religiosa. Ese niño fue Alejandro
Campbell, hijo de Tomás Campbell, ministro presbiteriano, quien se
trasladó a América en 1807. Pero Alejandro, su hijo, a causa de
hallarse entonces cursando sus estudios, se le unió más tarde.
19.
No sería enteramente fiel a la historia cristiana y muy
especialmente a la de los bautistas, si no dijera algo en estas
disertaciones acerca de Juan Bunyan, en cierto sentido uno de los
hombres más célebres de la historia de Inglaterra y aun del mundo
entero, ya como predicador bautista, ya como preso, durante doce
años, en la cárcel de Bedford (por predicar el Evangelio), ya como
autor del libro más célebre y de más circulación en el mundo,
después de la Biblia: "El Progreso del peregrino," escrito mientras
estuvo encarcelado. Sí, Juan Bunyan es uno de los ejemplos más
notables de lo acerbo de la persecución religiosa.
20.
Otra cosa acerca de la cual es preciso decir algunas
palabras, cuando menos, es la referente a Gales y a los bautistas de
ese país.
21.
El relato de los orígenes de la obra cristiana en Gales es
sobremanera fascinante; y a lo que parece, es verídico. Esa
historia se remonta a los tiempos del Nuevo Testamento (Hechos
28:30-3 l; II Tim.. 4:2 l).
DISERTACION QUINTA
1.
Mediante los españoles y otras razas latinas, los católicos
llegaron a ser los primeros representantes de la religión cristiana
en la América del Sur y la Central. Pero en la del Norte, con la
excepción de México, nunca alcanzaron fuerte preponderancia.
2.
Comenzando con la época colonial, a principios del siglo
diecisiete, las primeras colonias, se establecieron en Virginia, y
algo más tarde, en el territorio conocido ahora como los Estados de
Nueva Inglaterra.
3.
Estos refugiados congregacionalistas y presbiterianos
fundaron distintas colonias, y en ellas establecieron sin tardanza,
con fuerza de ley, sus peculiares creencias religiosas. En otras
palabras, el congregacionalismo y el presbiterianismo fueron
declarados, con carácter legal, las formas religiosas
respectivamente de los congregacionalistas y de los presbiterianos,
con exclusión absoluta de todas las demás creencias religiosas.
4.
Las colonias del Sur de Virginia y las de la Carolina del
Norte y del Sur estaban constituidas principalmente por adherentes
de la Iglesia de Inglaterra, con el resultado de que las doctrinas y
prácticas peculiares de esa Iglesia constituyeron la religión
oficial de esas colonias. De esta manera, en las nuevas tierras de
América, a donde muchos otros congregacionalistas, presbiterianos y
episcopales habían venido, creyendo disfrutar del derecho de adorar
a Dios según los dictados de su conciencia, pronto hubo tres
Iglesias del Estado. De consiguiente, no había libertad religiosa
sino únicamente para los que sostenían la autoridad del Estado.
Como se ve, las hijas de Roma siguen las sangrientas huellas de su
madre; y su reforma está muy lejos todavía de ser completa.
5.
Entre los que emigraron a América había muchos bautistas
dispersos, llamados todavía por algunos "anabaptistas." Es probable
que en cada barco destinado a América se encontrasen algunos. Pero,
en general, llegaban al nuevo mundo en pequeños grupos; jamás en
grandes colonias, porque no se les permitiría viajar en esa forma.
Sin embargo, continuaron llegando; tanto que antes de que las
colonias se establecieran completamente, los bautistas ya eran
numerosos en todas partes.
6.
No habían transcurrido aún veinte años desde que se había
fundado la Colonia de la Bahía de Massachusetts, cuya Iglesia
oficial era la Congregacional, cuando aprobaron una ley contra los
bautistas y otros disidentes. He aquí un ejemplo de tales leyes:
7.
El resultado fue que Rogelio Williams y otros más fueron
expulsados. Ser expulsado de aquellas colonias en aquellos días era
cosa gravísima; ya que ello significaba tener que ir a vivir entre
los indios. Pero felizmente Williams fue recibido amablemente por
ellos, entre quienes vivió largo tiempo.
8.
Rogelio Williams, más tarde, juntamente con otros, algunos de
los cuales habían sido, como él, proscritos de aquella y de otras
colonias, entre los cuales se contaba Juan Clarke, predicador
bautista, decidieron fundar una colonia para ellos. Verdad es que
no tenían autoridad legal de Inglaterra para hacer tal cosa; con
todo, creyeron que ese paso era más aconsejable, bajo las presentes
circunstancias, que tratar de vivir en las colonias existentes a la
sazón bajo las horribles restricciones religiosas a que tendrían que
someterse, de avecindarse en ellas.
9.
En 1651 (? ) Rogelio Williams y Juan Clarke fueron enviados
por la Colonia a Inglaterra para conseguir, si ello fuera posible,
la autorización real para el establecimiento legal de la Colonia.
10.
Escrita esa constitución, atrajo la atención del mundo
entero, por ser la primera que consignaba la libertad religiosa.
11.
En esa Colonia, aun antes del reconocimiento legal, se
constituyeron dos Iglesias bautistas. Respecto a la fecha de su
fundación, los historiadores, sin excluir a los bautistas no están
de acuerdo, por lo menos en cuanto a una. Por lo que hace a la de
Providencia, fundada por Rogelio Williams, todos, a lo que parece,
están contestes en que se fundó, en 1639.
12.
Referente a las persecuciones en algunas de las colonias
americanas, daremos algunos ejemplos.
13.
Un tal Painter, por haber rehusado bautizar a su hijito, y
expresar que en su opinión "el bautismo infantil era una práctica
anticristiano," fue amarrado y azotado. El gobernador Winthrop nos
refiere que Painter fue azotado "por haber vilipendiado ese
ordenamiento del Señor."
14.
En la colonia donde era religión oficial el presbiterianismo,
los disidentes (bautistas y otros) parece que no lo pasaban mejor
que en la Colonia de la Bahía de Massachusetts, donde imperaba el
congregacionalismo como religión oficial.
15.
La persecución contra los bautistas fue grave y continuada en
las colonias del Sur y en la Carolina del Norte y del Sur y en
Virginia especialmente, territorios donde la Iglesia de Inglaterra
predominaba. Los predicadores fueron no pocas veces multados y
encarcelados. Desde el inicio de la época colonial hasta el
estallido de la guerra de la Independencia, es decir, durante más de
cien años, las persecuciones contra los bautistas fueron incesantes.
16.
Daremos algunos ejemplos de las injusticias que los bautistas
de Virginia tuvieron que sufrir; y sin embargo, por extraño que
parezca, Virginia fue el lugar que en el país siguió a Rhode Island
en adoptar la libertad religiosa. Pero para eso habían de pasar
todavía más de cien años.
17.
Más tarde, fueron arrestados tres predicadores bautistas:
Luis y José Craig y Aarón Bledsoe, por la misma causa. Uno de
ellos, al menos, era pariente consanguíneo de R. E. B. Baylor, y
probablemente de más de un predicador bautista tejano. Estos
predicadores fueron denunciados y procesados. Un tal Patricio
Henry, enterado de ello, no obstante vivir muy lejos y ser
anglicano, concurrió al proceso, haciendo un largo viaje de muchas
leguas a caballo, y se ofreció voluntariamente a defender a los
acusados. Su defensa, que fue magnífica, no me es posible
describirla aquí. Con todo, diré que arrebató al tribunal, con el
resultado de que los predicadores fueron absueltos y puestos en
libertad.
18.
Fuera de Rhode Island, la libertad religiosa en otras partes,
se fue implantando lenta y paulatinamente. En Virginia, por
ejemplo, se promulgó una ley que permitía un solo predicador
bautista, nada más que uno, en todo el condado. Es más; sólo se le
permitía predicar una vez cada dos meses. Más tarde, se modificó la
ley en el sentido de permitirle predicar una vez por mes. Pero aún
así, había de hacerlo en determinado lugar del condado. Había,
además, de predicar un solo sermón ese día, y no hacerlo jamás de
noche.
19.
Es evidente que una de las mayores obstrucciones con que
tropezó la libertad religiosa en América y probablemente en todo el
mundo, fue la convicción que se había apoderado de la gente, a
través de los siglos, de que la religión no podía subsistir sin el
apoyo del gobierno; que ninguna denominación podía prosperar con las
solas ofrendas voluntarias de sus adeptos. Tal fue el contundente
argumento en el debate sostenido en favor de la separación de la
Iglesia anglicana en Virginia, y más tarde, en el Congreso, cuando
se discutió en él la cuestión de la libertad religiosa. Esa batalla
fue librada durante mucho tiempo por los bautistas solos, sin la
ayuda de nadie.
20.
Ya se ha dicho que la Colonia de Rhode Island se fundó en
1638, pero que no obtuvo la autorización regia hasta 1663. Como ya
se sabe, fue ése el primer lugar donde se concedió la libertad
religiosa. El segundo fue Virginia, en 1786. Y el Congreso declaró
en 1791, que la primera enmienda a la Constitución, que concede la
libertad religiosa a todos los ciudadanos, estaba en vigor. Ese
privilegio, se debe, como todos lo reconocen, a los bautistas.
21.
Nos permitirnos contar un incidente ocurrido en el Congreso
cuando se discutía si los Estados Unidos deberían sostener una o más
confesiones religiosas o proclamar la libertad religiosa.
22.
No mucho después de esto, la Iglesia anglicana fue
completamente privada de todo sostén oficial.
23.
Pero aun en los Estados Unidos mismos la idea de la unión de
la Iglesia y el Estado fue muriendo lentamente, puesto que subsistió
todavía en varios Estados separados, mucho tiempo después de haberse
consignado en la Constitución Federal la libertad religiosa.
24.
Se han hecho muchas veces las siguientes preguntas referentes
a los bautistas: ¿Consentirían los bautistas en que su denominación
fuese declarada Iglesia oficial, dado el caso que una nación o
Estado se ofreciese espontáneamente a reconocerlos en ese carácter?
Y en caso afirmativo, ¿perseguirían a los disidentes de ellos, como
lo hicieron los católicos, o los episcopales, o los luteranos o los
presbiterianos o los congregacionalistas? Quizá no esté fuera de
lugar el que consideremos brevemente semejantes preguntas.
25.
Tan fuerte ha sido siempre la convicción de los bautistas
tocante a la separación de la Iglesia y el Estado que,
invariablemente, han desechado todas las ofertas de ayuda del
Estado. Al efecto, daremos dos ejemplos: Uno ocurrió en Texas, el
otro in México.
PALABRAS FINALES
1.
Durante todos los períodos de la Edad Media o del
oscurantismo, hubo muchos cristianos y muchas Iglesias separadas e
independientes, algunas de las cuales remontaban su origen hasta los
tiempos apostólicos, que nunca habían tenido relación alguna con la
Iglesia Católica. Tales cristianos e Iglesias siempre rechazaron y
repudiaron completamente las doctrinas católicas.
2.
Estos cristianos fueron objeto perenne de enconada e
implacable persecución. Pues la historia demuestra que durante los
doce siglos más o menos que duró la Edad Media, comenzando con el
año 426, hubo alrededor de cincuenta millones de cristianos que
sufrieron el martirio. En esa misma forma, a manos de sus crueles
perseguidores, murieron muchísimos millares más en los siglos que
precedieron y siguieron a la Edad Media.
3.
Durante esos tiempos tenebrosos, esos creyentes eran
designados con diferentes nombres, que les daban sus enemigos.
Tales nombres se les daban a veces a causa de algún notable y
heroico jefe, y a veces por otros motivos. A veces, sí, muchas
veces, no obstante tratarse de las mismas personas, se les daba
distintos nombres en distintas localidades. Pero en medio de tanta
diversidad de nombres había uno especial, o más bien una
designación, que se adhería a algunos de estos cristianos a través
de la Edad del Oscurantismo; esa designación era: anabaptista. Con
ese nombre compuesto, se designó a ciertos cristianos que aparecen
en la historia del siglo tercero. Pero un hecho sugestivo es que
eso sucedió a raíz del origen del bautismo infantil; pero más
sugestivo es aún el hecho de que esa designación estuvo en uso antes
que el nombre de católico. De todo esto resulta que el nombre de
"anabaptistas" es el término denominacional más antiguo de la
historia.
4.
Una sorprendente peculiaridad de estos cristianos fue, y
continuó siendo en los siglos subsiguientes, la de que rechazaron la
doctrina, de humana invención, del "bautismo infantil"; y así
exigían a todos los que, habiendo sido bautizados en la infancia,
deseaban unirse a ellos, se rebautizasen, aun cuando lo hubiesen
sido por inmersión. Fue a causa de esa peculiaridad que se les
llamó "anabaptistas."
5.
Ese nombre especial se aplicó a muchos cristianos que tenían
otros apodos especialmente a los donatistas, los paulicianos, los
albigenses, los antiguos valdenses y otros. 6. En "los siglos del oscurantismo" hubo un grupo de muchas Iglesias que en ninguna manera se identificaron jamás con los católicos. De esos mismos "siglos de oscurantismo" salió un grupo de muchas Iglesias que, a semejanza de las anteriores, tampoco se habían identificado jamás con los católicos.
Resumen: Por: Clarence Walker
El Dr. J. M. Carroll, autor de este libro nació en el estado de Arkansas, el 8 de enero de 1858, y murió en Texas, el 10 de enero de 1931. Su padre, predicador bautista, se trasladó a Texas cuando el hermano Carroll tenía seis años de edad; ahí se convirtió, se bautizó y fue ordenado como ministro del Evangelio. El Dr. Carroll no sólo llegó a ser un dirigente entre los bautistas de Texas, sino una figura descollante entre los bautistas del Sur de los Estados Unidos y del mundo entero. Años atrás, visitó nuestra Iglesia, donde pronunció los mensajes contenidos en este librito. Fue entonces cuando yo me interesé sobremanera en estos estudios del hermano Carroll, pues, yo también había hecho investigaciones especiales en el campo de la historia eclesiástica, tocante a cuál fuese la Iglesia más antigua y más parecida a las Iglesias del Nuevo Testamento. El propio Dr. J. W. Porter, uno de los asistentes a estas disertaciones, quedó tan profundamente impresionado, que le dijo al Dr. Carroll que si él escribiera estos mensajes, él los publicaría en forma de libro. El Dr. Carroll así lo hizo, y concedió al Dr. Porter el derecho de publicarlos. Aunque el Dr. Carroll pasó a mejor vida antes de que el libro saliese a luz, el Dr. Porter lo dio a la publicidad, con el resultado de que la edición pronto quedó agotada. Pero por la merced de Dios, ahora nos es posible publicar esta nueva edición. Ruego a todos los que lean y estudien estas páginas se unan conmigo en oración, a fin de que un número de ejemplares cada vez mayor se pueda dar a luz. "Para hacer que todos los hombres vean cual sea la administración del misterio que desde el principio del mundo ha estado encubierto en Dios, que creó todas las causas por Cristo Jesús; con el propósito de que ahora sea hecha conocida, por la Iglesia, a los principados y potestades en los cielos, la multiforme sabiduría de Dios. A él sea gloria en la Iglesia por Cristo Jesús, por todas las edades del siglo de los siglos. Amén." (Efesios 3.9-10,21) II Fuentes de Información sobre el tema Era realmente maravilloso oírle contar al Dr. Carroll cómo se había interesado en la historia de las distintas denominaciones, especialmente en la de su origen. Esta obrita la escribió cuando ya tenía 75 años de edad. "Siendo un muchachito - expresó - me convertí al Señor; y al ver tantas denominaciones, me solía preguntar cuál sería la Iglesia que Cristo había fundado." Ya en su juventud, al estudiar las Escrituras y la historia, podía percibir cuál era la Iglesia más antigua y que más se semejaba a las Iglesias mencionadas en el Nuevo Testamento. Esta búsqueda de la verdad lo indujo a visitar muchos lugares, lo que le permitió formar una de las bibliotecas más ricas en obras sobre la historia eclesiástica. Esa biblioteca le fue regalada, a su muerte, al grar., Seminario Bautista del Sur Oeste, de Fort Worth, Estado de Texas. Como resultado de sus pesquisas, el Dr. Carroll reunió muchos datos tocantes a la historia eclesiástica, pero en su mayoría se referían, según parece, a católicos y protestantes, pues las historia hallada por él acerca de los bautistas estaba escrita con sangre, por tratarse de un pueblo que había sido objeto de odio a través de la tenebrosa Edad Media. Los que lo constituían, predicadores y fieles, fueron llevados a la cárcel; y un número incalculable de ellos fueron muertos. Jamás se ha visto en el mundo nada comparable a los padecimientos y persecuciones causados a los bautistas por la jerarquía católica, en el transcurso de la tenebrosa Edad Media. El papa era entonces el dictador del mundo; de ahí que los anabaptistas, anteriores a la Reforma, lo apellidasen de anticristo. La historia de los anabaptistas se halla escrita en los documentos oficiales de esa época-, de manera que para seguir el Rastro de la Sangre es preciso seguir el camino señalado por crónicas, en las que se hallan declaraciones del siguiente temor: "En Zurich, después de muchas disputas entre Zuinglio y los anabaptistas, el senado lanzó un decreto disponiendo que si alguno se atreviese a rebautizar a los que y hubiesen sido bautizados (esto es, cuando niños) fuese ahogado. En Viena muchos anabaptistas fueron encadenados a manera de ristra, de tal forma que el primero, al ser arrojado al río, arrastraba en pos de sí a los demás, por manera que todos se ahogaban." "En el año del Señor de 1539, dos anabaptistas fueron quemados más allá de Southwark, y un poco antes que éstos, lo fueron cinco anabaptistas holandeses en Smithfield." (Fuller, Historia Eclesiástica.) "En 1160, un grupo de paulicianos (bautistas) entró en Oxford. Enrique 11 ordenó que fuesen marcados en la frente con hierros candentes y azotados a través de las calles de la ciudad, luego de desnudárselos hasta la cintura; después se los obligó a salir de la ciudad al campo raso, donde, por falta de abrigo y de alimentos, murieron lentamente, de hambre y frío, pues a los aldeanos no se les permitió acogerlos ni alimentarlos." (Moore, Earlier and Later Nonconformit.I, in Oxford, 12.) El antiguo Cronista Stowe, año de 1553, dice: "El 25 de Mayo, en la iglesia de S. Pablo, de Londres, fueron juzgados diecinueve hombres y seis mujeres. Catorce fueron condenados; un hombre y una mujer fueron quemados en Smithfield, y a los doce restantes se los envió a los pueblos para que los quemasen." Froude, historiador inglés, dice acerca de esos mártires anabaptistas: "Los pormenores de sus padecimientos se han desvanecido, y sus nombres han sido echados en olvido, y aun los mismos hechos apenas son dignos de señalarse. Europa no se conmovió a causa de ellos, ni se guardó luto en ninguna corte, ni el corazón del papa se estremeció de indignación con motivo de su muerte; por el contrario, el mundo la miró con complacencia, con indiferencia y hasta con regocijo. Sin embargo, entre estos veinticinco hombres y mujeres hubo catorce de ellos que ni el terror de la hoguera ni el miedo a las torturas fueron bastantes a hacerles decir que creían lo que en realidad no podían creer. Y aunque la Historia no consigna ni una palabra de alabanza en su favor, con todo, su sangre no fue derramada en vano. De no haber procedido así, sus vidas hubieran sido tan inútiles como las de los más de nosotros; pero al perderlas, ayudaron a pagar el precio de la libertad inglesa." El Dr. Carroll halló asimismo su historia y su ensangrentado rostro, a través de los siglos, en los escritos no sólo de sus amigos, sino también de sus enemigos. He aquí cómo se expresa el cardenal Hosius, en 1524, presidente que fue del Concilio de Trento: "Si los bautistas no hubieran sido tan despiadadamente atormentados y pasados a cuchillo durante los últimos doce siglos, al presente pulularían mucho más que todos los reformadores." Esos "doce siglos" constituyen el período que precedió a la Reforma, durante el cual Roma persiguió a los bautistas de la manera más encarnizada que es dable imaginar. Oigamos a Sir Isaac Newton: "Los bautistas son el único cuerpo de entre los cristianos que jamás ha estado de acuerdo con Roma." Y por lo que hace a Mosheim historiador luterano, he aquí cómo se expresa: "Antes de la aparición de Lutero y de Calvino existían en secreto en casi todos los países «e Europa personas que se adherían tenazmente a los principios sostenidos por los bautistas holandeses modernos." Citemos, finalmente, a la Enciclopedia de Edimburgo (presbiteriano): "Sin duda que ya nuestros lectores habrán caído en la cuenta de que los bautistas son la misma secta de cristianos descriptos anteriormente como anabaptistas. En efecto, parece que este ha sido su principal origen, desde la época de Tertuliano hasta nuestros días." Ahora bien, Tertuliano nació exactamente cincuenta años después de la muerte del apóstol Juan. III La promesa de la perpetuidad de las Iglesias de Cristo Los bautistas no creen en la sucesión apostólica, puesto que el oficio apostólico terminó con la muerte de los apóstoles. Fue a sus iglesias a quienes Cristo prometió su continua existencia, desde que El constituyó su primera Iglesia, durante su ministerio terrenal, hasta que vuelva. He aquí su promesa: "Y yo edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mateo 16:18.) Luego, cuando les dio la gran comisión, en la que les señala a Sus Iglesias la tarea que habían de cumplir, les hizo la siguiente promesa: "Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del siglo. "(Mateo 28:20.) Esta comisión, no fue dada a los apóstoles como individuos, sino a ellos y a los demás que se hallaban presentes, en su carácter de la Iglesia. Tanto los apóstoles como aquellos que le oyeron dar esa comisión, pronto murieron, pero Su iglesia ha sobrevivido a través de los siglos, haciendo discípulos, bautizándolos y enseñándoles la verdad, es decir, las doctrinas que El había cometido a la Iglesia de Jerusalén. Estas fieles Iglesias han sido bendecidas con Su presencia mientras siguieron el Rastro de la Sangre. Esta historia demuestra como la promesa del Señor ha sido cumplida a Sus Iglesias.
El Dr. Carroll
demuestra que se han hallado Iglesias en todos los siglos que han
inculcado las doctrinas que El les cometió. A estas doctrinas las
llama el Dr. Carroll las "notas" de las Iglesias del Nuevo
Testamento. "LAS CARACTERÍSTICAS O MARCAS DE LA IGLESIA DEL NUEVO TESTAMENTO"
IV Cómo se reconoce una iglesia verdadera Sucede que en una ciudad suele haber muchas diferentes Iglesias y todas pretenden ser la verdadera Iglesia. El Dr. Carroll, para saber cuál era esa verdadera Iglesia, examinó las notas y doctrinas de cada una de ellas; y aquellas que poseían las notas y doctrinas enseñadas por la palabra de Dios las reputó como las verdaderas Iglesias. He ahí un método de fácil aplicación, aplicado por el Dr. Carroll a las Iglesias de todos los tiempos. El resultado fue que muchas habían perdido estas notas y alejándose de estas doctrinas; en cambio, halló otras que habían retenido fielmente estas notas a través de los siglos, desde que Jesús había dicho: "Yo edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella." (Mateo 16:18); "Y estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del siglo (Mateo 28:20) |